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Señales contradictorias en comunidad que busca inmigrantes

1o de marzo 2009-CHAMBLEE, Georgia, EE.UU. (AP) — Odilio Pérez se ilusiona con una vida más allá del corredor de la Buford Highway, lleno de centros comerciales, con una gran diversidad étnica y que cruza tres condados del sur del país.

Pérez, un guatemalteco de hombros anchos, se radicó en esta localidad de las afueras de Atlanta hace más de una década, cuando las autoridades locales usaron los Juegos Olímpicos de 1996 para atraer inmigrantes, considerados un componente fundamental para revitalizar la zona.

Terrenos baldíos y negocios vacíos dieron lugar a apartamentos baratos, una mezcla ecléctica de comercios y carteles publicitarios en numerosos idiomas.

A lo largo de la carretera de seis carriles se habla una docena de idiomas. Pero no está claro hasta qué punto se han cumplido las promesas hechas a los inmigrantes: por un lado, una política de mano dura contra los indocumentados y las dificultades para conseguir la residencia permanente hacen pensar que Estados Unidos tiene poco interés en atraer extranjeros, mientras que por el otro, el comportamiento de los gobernantes y las empresas de comunidades como las de la Buford Highway (Ruta Buford) indica que los extranjeros son vitales para su futuro. "Vivo y trabajo aquí desde hace diez años sin problemas", comentó Pérez, quien tiene 33 años y admite haber venido al país ilegalmente.

"Me encantaría hacerme ciudadano, si tuviese la oportunidad. Pero fui a ver a un abogado y me dijo que no hay forma de hacerlo".

 Pérez es parte de un amplio movimiento de inmigrantes que descartó destinos tradicionales como Nueva York y Los Angeles y se radicó en el sur, alterando rápidamente la fisonomía de ciudades como Charlotte (Carolina del Norte), Birmingham (Alabama), Orlando (Florida) y, más recientemente, Nueva Orleáns, a la que llegaron en masa para reconstruir la ciudad tras el paso del huracán Katrina.

En muchos casos se instalaron en los suburbios, no en los centros urbanos. Pocos sitios reflejan esta transformación tan vívidamente como la Buford Highway, donde Rubén Lee, un argentino de origen coreano que vive aquí desde hace 20 años, le habla en español a sus empleados; donde el herbolario chino David Chu vende remedios para todo en cuatro idiomas asiáticos, y donde jornaleros hispanos combinan el español con dialectos precolombinos.

"Esto no es un enclave, es un fenómeno nuevo", sostuvo Michael Fix, director de estudios del Instituto de Políticas Migratorias, organismo independiente con sede en Washington.

Exponentes de ambos bandos en el debate sobre la inmigración coinciden en que la carretera tiene una concentración única de grupos étnicos y en que a lo largo de su corredor comercial de 13 kilómetros (ocho millas) abundan los mensajes contradictorios acerca de la actitud que tiene hacia los extranjeros un país que los recibe con la Estatua de la Libertad, pero también está erigiendo muros en sus fronteras.

"Son señales mixtas", dijo Mark Krikorian, director ejecutivo del Centro para Estudios de la Inmigración, agrupación con sede en Washington que promueve un mayor control al ingreso de extranjeros.

"Recibimos con los brazos abiertos a los inmigrantes en sitios como la Buford Highway, pero al mismo tiempo destinamos miles de millones de dólares a hacer cumplir las leyes migratorias", señaló Michelle Waslin, analista de Centro de Políticas Migratorias, organismo de Washington que postula leyes menos restrictivas.

 La carretera nació cuando los juegos olímpicos generaron un auge en la construcción y un aumento del 300% en la población hispana en el estado de Georgia.

 Las autoridades Chamblee, un suburbio de clase obrera, decidieron que los extranjeros representaban una gran oportunidad y los incentivaron para que se radicasen aquí.

Las fábricas que funcionaban en la zona y que eran la principal fuente de empleos habían cerrado sus puertas en las décadas de 1980 y principios de 1990, por lo que esa faja era una zona olvidada. A medida que se acercaban los juegos, comerciantes asiáticos tentados por los bajos alquileres de los locales abrieron negocios y generaron un tráfico que dio lugar a su vez al surgimiento de restaurantes, tiendas de grandes cadenas y negocios de venta al por mayor.

 Trabajadores hispanos de distintos países se instalaron en apartamentos dilapidados o en carpas ubicadas en terrenos en desuso. Comenzaron a surgir tensiones en las reuniones en la municipalidad.

Los residentes de siempre no querían lotes vacíos, pero tampoco querían campamentos de extranjeros. "Fue un período bastante agitado para mucha gente", indicó Jesse Burnett, un reparador de instrumentos musicales de 65 años, quien recuerda que sus clientes le decían que los mexicanos "se estaban apoderando" del lote de al lado.

 Chamblee contrató entonces su primer gerente municipal, Kathy Brannon, quien combatió a los caseros que permitían que mucha gente viviese en sus propiedades e hizo cumplir al pie de la letra las leyes contra la ocupación ilegal de terrenos.

 Se aprobaron nuevas normas edilicias para la construcción de negocios y apartamentos, y Brannon le hizo saber a los líderes comunitarios que Chamblee consideraba a los inmigrantes parte de su futuro.

"Uno tiene que creer que la razón por la que viene la gente es la misma razón que siempre la ha atraído: una oportunidad (de forjarse un futuro). ¿No son esas las bases sobre las que se construyó este país?", expresó Brannon recientemente.

 Hacia fines de los 90, Chamblee tenía una zona denominada "International Village" (Aldea Internacional), compuesta mayormente por inmigrantes que vivían en apartamentos encima de los negocios. Había también un parque nuevo y jardines de infantes.

 La municipalidad cuenta con una fachada de vidrio plateado que conmemora el período de "inmigración y fomento del desarrollo". Hoy continúa la expansión de la International Village promovida por la municipalidad. Brannon, quien se jubilará este año, le dejará a su sucesor una nueva visión para la Buford Highway: más carriles para bicicletas, más espacios verdes y menos comercios.

El objetivo es que la zona atraiga no solo a inmigrantes sino también a los residentes de Atlanta que disfrutan con un ambiente más diverso.

Muchas personas que no son inmigrantes ya están abriendo negocios y alquilando departamentos. Cafeterías coreanas cuyo diseño moderno podría ser la envidia de Starbucks atraen tanto a inmigrantes como a no inmigrantes.

Si bien Chamblee considera su fórmula un éxito, nada contra la corriente. Desde que Brannon creó la International Village se han multiplicado por cinco los arrestos en sitios de trabajo por violaciones a las leyes de inmigración y se duplicaron las deportaciones de presuntos indocumentados, según el grupo de Krikorian. En el 2006, las policías del sudeste del país imitaron a las del sudoeste y comenzaron a desempeñar funciones propias del servicio de inmigración, incluidas entrevistas y toma de huellas dactilares de las personas que detienen, para ver si están en el país legalmente. El programa de deportaciones podría llegar también a la Buford Highway.

 El departamento de alguaciles del condado de Gwinnett, que patrulla las comunidades vecinas a Chamblee, espera el visto bueno del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas para sumarse a esa iniciativa.

Los indocumentados que quieren regularizar su situación enfrentan dificultades ya que la nueva política de mano dura no hizo sino aumentar la carga de las agencias encargadas de procesar las solicitudes, que no dan abasto, según el Instituto de Políticas Migratorias.

 Ese organismo dice que hay un millón de solicitudes de ciudadanía en espera de ser tramitadas. Nikki Nguyen, una refugiada vietnamita de 54 años que esperó años para ingresar a Estados Unidos, tiene un negocio de manicuras que atiende más que nada a hispanos y personas de otros grupos étnicos en la Buford Highway.

Conoce bien las demoras que soportan muchos de sus clientes. Hace 12 años, Nguyen presentó los papeles para traer a su hermana. Y todavía está esperando que se resuelva el caso.

"El abogado me dice que hay tantas solicitudes de gente que quiere traer a esposas e hijos, que cuando una pide a una hermana, toma más tiempo", manifestó. "No debería ser así".

 Los jornaleros que se amontonan junto a la carretera tienen sus propios problemas. La construcción está casi paralizada en medio de la recesión, pero la Buford Highway por momentos se parece a la de los viejos tiempos.

 Numerosos trabajadores extranjeros han instalado carpas en uno de los pocos sitios arbolados que quedan en el corredor. Y pocos planean irse. Tienen familiares en Estados Unidos, una red de posibles empleadores y han invertido varios años en la visión que ofreció Chamblee a los inmigrantes.

Su destino está demasiado ligado a la carretera. "Este país dice que no nos quiere, pero cuando hay que hacer algo, nos necesita", dijo Pérez. "El país tiene dos caras, y a veces cuesta saber cuál es la real".

 
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